`
Banner Image

 



El control biológico se define como el empleo intencional de los enemigos naturales vivos (parasitoides, depredadores, patógenos, y fitófagos) para manejar las poblaciones de plagas o de especies invasoras de plantas o animales. Este método tiene una larga historia de éxitos y, cuando se practica en forma adecuada, es uno de los enfoques al manejo de plagas más eficaces, económicos, y benéficos para el medio ambiente.

El tipo de control biológico que ha tenido el mayor éxito contra las plantas invasoras es el llamado "control biológico clásico". Este método es aplicable a las especies de plantas que se han convertido en malezas invasoras tras su introducción en un nuevo ambiente donde no existen sus enemigos naturales. El control biológico clásico consiste en seleccionar cuidadosamente insectos o ácaros fitófagos, o patógenos vegetales, desde las áreas de origen de la planta, e introducirlos en la región invadida por la misma.

Las especies de organismos utilizados como agentes de control biológico son sujetadas a pruebas y estudios detallados antes de su liberación, afín de asegurar que son específicas a sus blancos y que presentan el mínimo de riesgos de dañar otras especies de plantas o de producir efectos indeseados de cualquier tipo. Todos los países que practican el control biológico clásico exigen un análisis a fondo y de la aprobación de las autoridades regulatorias antes de que un nuevo agente de control biológico pueda ser liberado en el campo.

El control biológico ha tenido éxito en la reducción de los impactos de muchas especies de plantas invasoras en varios países. Como ejemplos se pueden mencionar la euforbia Euphorbia esula, la hierba de San Juan Hypericum perforatum, y la hierba de Santiago Senecio jacobaea en los EE.UU. y Canadá, el helecho acuático Salvinia molesta en Nueva Guinea, y el nopal Opuntia stricta en Australia.

> Volver a recursos